domingo, 6 de julio de 2014

Planet Of The Apes (1968)

Estimados Lectores:

¡Bienvenidos a otra loca, interminable y fatídica maratón de películas con su anfitrión Farfaramir, el maestro de las secuelas! Hace tiempo que no hacíamos algo tan absurdo, y siendo honesto, ya lo extrañaba. Pero como se nos aproxima una nueva entrega de simios montando caballos con metralletas en cada brazo, ¿porqué no? Y es que me avergüenza pensar que la mayoría de ustedes solo hayan visto la versión de Tim Burton del Planeta de los Simios (a la que también llegaré, no se preocupen), ¡habiendo tantas más! Si quedaron locos con la de James Franco, pues acompáñenme para descubrir de donde viene toda esta locura, cuando aterricemos con el astronauta George Taylor en la primera entrega de "El Planeta de los Simios".

Un simio y un humano entran a un bar...


Título Original: Planet Of The Apes
Año: 1968
Director: Franklin J. Schaffner

Una expedición de astronautas se encuentran recorriendo el espacio tras dieciocho meses de expedición, que en tiempo terrestre, y gracias a la magia de las leyes de la física sin sentido del cine de ciencia ficción, se traduce en más de mil años de viaje interestelar (el propósito de la misión tampoco es muy claro la verdad... ¿Estar mucho tiempo en hibernación espacial). Cuando por un error la nave aterriza en un misterioso planeta desolado, desértico, los tres astronautas, liderados por el misántropo George Taylor (Charlos Heston, a quien quizás recuerden de Ben Hur), se ven obligados a recorrer a pie lo que en un principio parece un planeta deshabitado. Sin embargo, pronto descubrirán que hay seres humanos en el planeta, reducidos a meros animales salvajes, mientras que una civilización de monos organizados en una sociedad teocentrista se dedica a cazarlos y estudiarlos.

Sip... Explicado así suena la trama más idiota del universo. Y quizás lo es. Pero me atrevo a decir que "Planeta de los Simios" es, al mismo tiempo, una de las películas de ciencia ficción más brillantes que se ha hecho jamás. 

El protagonista más cretino de la historia del cine

Personalmente, prefiero dividir la película en tres gran actos, cada uno de los cuales tiene virtudes distintas que hacen de esta una cinta magnífica. Primero, el aterrizaje de los astronautas y la posterior exploración del planeta. Esta sección nos sirve para conocer a nuestro protagonista George Taylor, quien es a mi juicio uno de los protagonistas más desagradables que pudieron haber concebido para esta película... ¡Y es parte de lo que hace tan brillante! Su motivación para estar en esta misión se reduce a "los odio a todos, mientras pueda estar lejos de los humanos mejor". Es especialmente decidora la escena en que John Landon, su compañero, intenta clavar una bandera estado unidense, y George explota en una carcajada realmente escalofriante, como diciendo "pobre imbécil que aún cree en esas cosas". 

De hecho, toda esta sección de la película es realmente terrorífica (el efecto terror desaparece una vez que uno ve a los disfraces de los monos, pero ya llegaremos a eso), en un planeta silencioso y desértico, pero lleno de señales de una civilización primitiva. Y es que los sonidos y el uso de cámara de los setenta es algo que nuestros efectos especiales jamás podrían amular. ¡La escena de los espantapájaros, por dios santo! De hecho, es esta clase de escenas que muestran nuevamente a Taylor como el cretino que es, corriendo como imbécil a buscar agua y árboles y poniendo en peligro toda la expedición. Por cierto, las localizaciones de esta película son increíbles, nada que quejarse allí.

Sin embargo, es el segundo acto por lejos mi favorito: toda la secuencia en la aldea de los simios, quienes no solo cuentan con rifles y caballos, sino que se han organizado en torno a una sociedad donde la ciencia se encuentra subordinado a la religión. Y es que la llegada de Taylor y sus compañeros pone en jaque toda las bases de esta peculiar sociedad: existen humanos inteligentes, humanos capaces de hablar y razonar.

DR ZAIUS, DR ZAIUS (8)

¿Cual es el problema con esto? Bueno, toda la sociedad se funda en que un dios creo al mono a su imagen y semejanza (así lo dicen las escrituras); aceptar que hay hombres inteligentes como nuestros astronautas implicaría aceptar teorías evolucionistas... ¿Les suena a alguien conocido? Planeta de los Simios es sin duda una de las parodias más jocosas a muchos argumentos religiosos que incluso hoy se siguen usando; a formas de razonamiento basada en "argumentos evidentes" u otras ideas de tipo iusnaturalistas (yo fui ayudante de derecho natural, así que me tomo estas cosas con humor). Toda la secuencia del juicio a Taylor es simplemente brillante, donde la evidencia científica no puede ante argumentos sesgados y conclusiones preconcebidas, si quieren reírse un rato intentando descubrir a quien están parodiando, Planeta de los Simios es su película. 

Finalmente, la sección final consiste en la búsqueda de la zona prohibida, aquella que el poder político y religioso de los simios no quiere que nadie sepa. Probablemente, la mayoría de ustedes ya saben lo que hay en esa zona (es probablemente una de las escenas más famosas de la historia del cine, y si vieron las más nuevas ya deben deducirlo), pero si es que no lo saben, les recomiendo que paren aquí y vayan a ver la película AHORA. (Cruzo los brazos en señal de espera...). Sí, este acto se funda exclusivamente en esta famosa escena, porque el resto de las secuencias es un poquito inferior y un tanto latosas, pero la espera lo vale... Y es que ningún otro personaje puede tener una reacción tan genial al encontrarse con la Estatua de la Libertad y descubrir que aquel no es otro que el planeta Tierra, destruido por los propios humanos. You Maniacs! You blew it up! Ah, damn you! God damn you all to hell!

¿Sublime? Ciertamente lo es. ¿Se mantuvieron las siguientes en la línea? Pueeees... Acompáñenme el resto de semana para descubrirlo. Un 20/10 para la primera entrega.

Atentamente,
Farfaramir... DR ZAIUS, DR. ZAIUS


Posdatta: Un pequeño comentario sobre los trajes. Sí, son ridículos, pero no tanto. Al rato uno se acostumbra. Es de esos detalles que uno perdona a la época por lo bueno de la historia. 

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