Estimados Lectores:
Es semana santa, y la televisión nacional va a pasar todo el día Jesús de Nazareth y los Diez Mandamientos, y esas películas viejas que le gustan ver a las mamás mientras cocinan (Apuesto que con esto me denuncian). Parece que existe una idea de que todo el mundo quiere ver películas católicas, yo me acuerdo una muy chistosa donde Adán y Eva eran tentados por una serpiente que tenía manos y piernas, y después Dios se pica porque comieron del super árbol y lo convierte en culebra. También están los Ben Hur y películas entera de brígidas pero que duran como 800 horas y no tengo tiempo para ver porque soy un hombre ocupado. Así que como en este blog somos amigables y vemos películas para la familia (?), les traigo mi crítica de otra que pasan mucho en estas festividades, El Principe de Egipto. Es de esas películas que, junto al Jorobado de Notredame, odiaba cuando chico porque tenían mensaje y canciones muy complicadas y con muchos coros de Iglesia, y que ahora considero las verdaderas obras maestra de mi infancia. Nada mejor que ver la destrucción de Egipto cantada por un joven Moisés que anda a carretear con un Ramsés entero de acabronado. ¿Comentamos?
Esto es como un super Spoiler
